Caen las horas de luz asidas a un calendario que deviene estrecho, que me ahoga, como esa escasez de imaginación y ese nada de ganas con que me despierto. Estampo la rutina con la inercia del deber aprendido, la constato con los gestos que de mi se esperan y ni siquiera me pertenecen; los tomé prestados junto con el uniforme y la firma del contrato; ése que ya respira finiquito, muchas gracias por todo, nos vemos el próximo año, olvidemos broncas y malas caras, qué bien lo hemos pasado juntos...
No sé si quiero que así sea pero la pereza que me habita optará seguramente por ese listado de frases tan huecas como adecuadas; imprescindibles cuando desierta la osadía, o el libre transitar por las circunstancias si el temor a perder incluso algo que ya no me hace falta.
Mientras, dibujo los garabatos de la incertidumbre que a 21 de septiembre me aguarda. Otoño en ciernes aún con ganas de verano, paro, libertad con miedo, café sin hielo y con charlas, la casa patas arriba, playa sin multitudes, las alas apelmazadas de tanto intento por no permitirles que expresaran esas ganas locas de escapar a cada rato.... y el camino sigue borroso.
Echo de menos el paseo pausado por vuestras palabras, y pataleo impotente por no poder seguir vuestro paso, que las curvas sin vosotros son murallas.
El Viaje Hacia Dentro
Hace 22 horas