lunes, 6 de septiembre de 2010

re paro

Caen las horas de luz asidas a un calendario que deviene estrecho, que me ahoga, como esa escasez de imaginación y ese nada de ganas con que me despierto. Estampo la rutina con la inercia del deber aprendido, la constato con los gestos que de mi se esperan y ni siquiera me pertenecen; los tomé prestados junto con el uniforme y la firma del contrato; ése que ya respira finiquito, muchas gracias por todo, nos vemos el próximo año, olvidemos broncas y malas caras, qué bien lo hemos pasado juntos...
No sé si quiero que así sea pero la pereza que me habita optará seguramente por ese listado de frases tan huecas como adecuadas; imprescindibles cuando desierta la osadía, o el libre transitar por las circunstancias si el temor a perder incluso algo que ya no me hace falta.
Mientras, dibujo los garabatos de la incertidumbre que a 21 de septiembre me aguarda. Otoño en ciernes aún con ganas de verano, paro, libertad con miedo, café sin hielo y con charlas, la casa patas arriba, playa sin multitudes, las alas apelmazadas de tanto intento por no permitirles que expresaran esas ganas locas de escapar a cada rato.... y el camino sigue borroso.
Echo de menos el paseo pausado por vuestras palabras, y pataleo impotente por no poder seguir vuestro paso, que las curvas sin vosotros son murallas.

domingo, 18 de julio de 2010

historias mínimas

L. tiene los ojos del azul más intenso que puedo recordar haber visto; su figura menuda se esconde tras esa mirada redonda, como de niña asustada o tal vez con la sopresa permanente de quien descubre el mundo a cada paso. Camina ligera tras el mostador, con su sandalias plateadas y esas piernas tan tremendamente delgadas que a menudo asemejan a las de un cisne hermoso y frágil. Es holandesa, morena y dulce.
A. es rusa, ojos verdes, figura rotunda y alta. Su voz, como un susurro de agua fresca derrama las frases cotidianas con una fuerza sorprendente; Ocupa el espacio con la seguridad de quien nunca creyó que la duda fuera siquiera una opción. Acaba de cumplir 23 años.
I. posee un sentido del humor con el grado de acidez justo para resultar divertida. Su mirada es valiente y de un verde oscuro; ríe con la misma facilidad que se sulfura. Casi cada día se enamora de algún cliente joven y guapo, pero le dura lo que tarda en prepararle la documentación y devolverle el pasaporte. Vive con su novio cerca de Barcelona.
D. destila la arrogancia del hombre que quiere ser, pero a menudo se les escapan los trazos infantiles de los que aún no ha conseguido desprenderse. Busca incansable el límite, y su cerebro de 23 años en constante ebullición, padece trastornos graves cada vez que una rubia estilizada y mayor de 18 años, eso si, entra en la recepción. Nació en Holanda.
A. permanece la mayor parte de su jornada laboral con la mirada azul y preocupada, fija en la pantalla. Por su calidad de belga, y por sus muchas cualidades profesionales, habla al menos 6 idiomas. Su tono tajante, esconde inseguridad y mucha tristeza que, sin ser admitida, resulta evidente.
A. lleva 2 semanas trabajando y una vida de nómada increíble a pesar de sus 20 años. Es rubia, pecosa,alta, con los ojos azules y se mueve mejor en bicicleta que andando. O sea, holandesa.
T. construye en cada gesto la diva que puede llegar a ser; Deja de respirar si con ello consigue llamar la atención. Es una niña en un cuerpo grande, ojos azules y grandes, y también grandes cambios de humor. Vive en Berlín y tiene alergia a los perros.
L. es ante todo, buena. Excelente profesional, tímidamente cariñosa, y absolutamente independiente. Rubia, ojos azules, suiza, políglota también y mi mejor compañera....una amiga. Solo debo recordarle que no se olvide de quererse un poquito cada día.
Y luego estoy yo... pero esa ya es otra historia.

lunes, 21 de junio de 2010

las horas




Y el verano que no llega, aunque los turistas parecen ignorarlo; se deslizan hasta el mostrador de la recepción con su sonrisa de inminente estreno vacacional, me apuntan con su pasaporte, y se inicia el espectáculo, basado principalmente en la recopilación de datos y frases aún poco fluidas en mi inglés entrecortado, una especie de diálogo entre dos walkie-talkie de frecuencias distintas. Pero sonrío, les muestro el plano, explico horarios, infraestructuras, me enternezco ante esos bebés increiblemente rubios.... y vuelvo a sonreir. Guardo ficha y pasaporte, me arreglo la camiseta del uniforme.... y me preparo para el próximo asalto.


Salgo a fumar a la esquina junto a la papelera, mientras observo el escenario de mis horas. El mar a mi espalda voltea su melena de espuma , que cae ya en un desmayo sobre la alfombra de arena, en el cielo saltan los colores de las velas de kitesurf , nerviosas y divertidas por el zarandeo constante de un viento fuerza 7 . Vaivén de bicicletas, perros hermosos y extranjeros, como sus dueños, adolescentes granulados, la chica japonesa del "infopoint", musculados windsurferos, ancianos con barrigas cerveceras, familias aparentemente felices... y el verano que no llega.


Vuelvo a casa ... recorro embebida por la luz de una tarde fría y luminosa esa línea casi recta de escasos 25 km. y llana , con las ventanillas cerradas y la radio desplegando sus lazos de calma y compañía.


No es tiempo de cuestionarme. Pervivo en la certeza de andar un camino necesario, relativamente amable y por encima de todo fruto de una decisión de la que me siento absolutamente responsable.
Fotos: camino del trabajo.

martes, 8 de junio de 2010

sin comentarios

Una buena noticia: tengo un trabajo estable (como dice Reyes) de cuatro meses.
Lo que va a tardar en llegar e irse el verano que en esta costa nordeste se resiste a mostrar su cara más amable.
Trabajo en un cámping frente a una hermosa y larga playa, pero casi nunca veo el mar, sumergida en la pecera de la recepción, ocho horas hablando raro, en esa especie de delegación turístico-festiva de la ONU.
Una noticia natural: mi cerebro anda embotado y solo acierta a pensar en reservas y cómo destrabar mi lengua a cada intento por rescatar el inglés que alguna vez aprendí.
Una noticia molesta: además, mi ordenador está pasando por una fase místico-comprensiva y ha ralentizado sus operaciones a un límite insostenible, de tal forma, que no tengo tiempo para curiosear en vuestras casas, y columpiarme en mi paseo diario por nuestros lugares comunes.
Y una conclusión evidente: De momento no puedo dejaros mis comentarios porque no dispongo del tiempo necesario, el que me gusta… para saborear y luego expresar. Sé que será una situación de tránsito, pero no puedo dejar de echaros de menos y notar que cada noche se me ahueca un poquito más ese rincón del alma, que os dedico.
Eso si, mi sonrisa ahí queda.

miércoles, 26 de mayo de 2010

ángeles sin guarda

Tiene sus fotos en facebook, cara de ángel que busca el abismo con gestos ensayados pero que apenas se reflejan en su mirada blanca, triste y profunda. Flequillo corto y rastas, pantalones indios, camisetas pintadas a mano, y un perfil de niña buena que asoma indefensa a su 18 años.
El límite no existe, parece proclamar segura de si misma, en cada flash que ha inmortalizado su cámara, pero la dulzura se derrama aún a su pesar y me entran unas ganas enormes de abrazarla. Porque en su corta biografía, los años se le atragantaron de a dos, o peor aún, se los robó un destino mal programado, con errores fatales y consecutivos que la catapultaron desde su infancia tranquila a un presente plagado de esquirlas de metralla.
Berta perdió a su madre con apenas 10 años y en su entierro comenzó a desatarse la tormenta; ya no hubo días fáciles, una brecha irreparable creció deprisa en casa y no hubo manera de poder taparla. Apenas dos años después, asistió estupefacta a otro derrumbamiento: la detención de su padre, acusado de un delito muy grave que a ella y a su hermana tardaron mucho en confesarles. Dos niñas perdidas, solas, sin culpa pero castigadas, nómadas en casa de los abuelos, de su tía, sobreviven al desastre sin saber muy bien cómo o cuándo la vida será algún día un lugar recomendable.
Por eso, mirando de nuevos sus fotos, esa espalda tatuada con la imagen del “pequeño príncipe” y su ojos avellana , no puedo dejar de sentir una ganas enormes de abrazarla.

miércoles, 12 de mayo de 2010

de otras caídas.....

Hoy mi vuelo surca raso, cruza lento, el umbral de la tristeza. Mi vista, mis alas, mi corazón, por un instante detenidos, cuando un duro golpe me impacta de lleno. Un compañero de letras y comentarios, ha muerto.
No puedo anestesiar con giros literarios una realidad que traspasa, aún cuando tan sólo nos unía el delgado y complicado hilo de la red.
Y caigo, estupefacta , y me araña su caída, la rabia pisa sin pudor la sorpresa y la impotencia. Leo pausadamente su última entrada, su último comentario en la mía, en un vano intento por perpetuar el momento previo…. Tan vano, como pretender que le conocía.
Pero supe de sus letras, de su rincón…. supe que existía; y eso ya me basta.
Hoy mi sonrisa solo se sostiene por él

domingo, 9 de mayo de 2010

de caídas....

Y ahí van unos versos, descubiertos en el sobrevuelo de los rincones que me proporcionan la savia necesaria para seguir creyendo.
Este, lo encontré en el blog de marian




Si te dicen que caí es que caí.
Verticalmente.
Y con horizontales resultados.
Soy, del ángulo recto
solamente los lados.
Ignoro el arte monumental del sesgo,
esa torsión ornamental del héroe
que hace que su caer se luzca como un salto.
Ese rizo del mártir que, ascendiendo
se sale de la víctimay su propio tormento sobrevuela
no es mi especialidad.
Yo, cuando caigo,caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón: espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondodel abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.
Si te dicen que caí,
no vengasa enseñarme aerodinámica revisionista.
No me cuentes de los que cayeron venciendo.
No vengas a decirme
que no crees que haya sido un accidente
.En lo único que creo es en el accidente.
Lo único que sabe hacer el universo
es derrumbarse sin ningún motivo,
es desmoronarse porque sí.
Beatriz Vignoli. LA CAIDA
Foto: desierto de Erg Chebbi (Marruecos)