Solté la cuerda, esa que creí un suave lazo de seda Rojo, con latido propio esa, que me ataba a la costumbre Incolora, hueca la misma que me prometía flores y proyectos caminos de regreso
Fue un segundo, o quizás una vida lo que sangraron mis ojos, No me gustó ese dolor que cesaba sin permiso Porque me mostraba desnuda de argumentos, de excusas para seguir expiando
esa culpa Que no existía.
Besé la huella que en mis manos permitía el todavía el puedes estar segura Que es otra cosa la vida.
A simple vista tiene una vida cómoda; pero no fácil, aunque a menudo cuesta detectarlo., Puede que sea algo más profundo, y por eso, la mayoría sólo se atreven a etiquetarla de rara, con un toque de envidia mal disimulada. Ellos, los otros, viven rodeados de duplicados: coches, ordenadores, cuentas corrientes, llaves, mantas para el sofá , y champús. Comparten bolsas en el súper y caricias después de cenar. Hada conspira contra la soledad en sus noches de insomnio, las madalenas en bolsitas individuales, una entrada para el cine, el mando de la tele en propiedad. Cuando cena con las amigas, esas , las que tiene hijos, listas de boda, hipoteca en compañía y hastío en el hablar, saborea por unos instantes la miel de la libertad de pensamiento, de palabra, de decisión. Ella, ya no se enamora, hace tiempo que la invadió la pereza de amar a otro ser en las distancias cortas. Renueva cada mañana su subscripción al club de los impares, mientras las sábanas permanecen almidonadas por la mitad. Las caricias intactas bajo la almohada , los abrazos en el congelador. Sabe lo que necesita, lo que quiere, lo que espera….pero los años a veces hacen uso de una injusticia malévola y se olvidan de ella., le recriminan sus sueños y la convocan al desaliento. Al fin y al cabo como a los demás, pero a ella, siempre, siempre, en primera persona del singular.
Abre la verja y mira el mar. La brisa salada le recibe como cada tarde, amable y protectora. Miguel aparca el coche . Han llegado a casa…. Rituales domésticos aliñados con ternura,: el móvil en la mesilla, los zapatos en el pasillo, risas en la cocina y la cama por hacer. Retales de pereza, calcetines por doblar, baño de caricias a la gata, susurros en el sofá. Es miércoles y tan felices, el cansancio puede menos, que las ganas de jugar a hacer la vida fácil, a pesar de los resquicios, las dudas, la fragilidad con que a veces las circunstancias envuelven la cotidianeidad. Tienen una hipoteca, un coche, dos sueldos, un ciprés traído de Grecia, la casa llena de recuerdos y por encima de todas las cosas, Pedro y Miguel, tienen ganas de continuar.
¿cómo describir lo que no se puede comparar? ¿aquello que ni la mirada es capaz de abrazar? ¿cuando la imaginación pierde irremediablemente la batalla ante la más contundente de las bellezas?.
Sencillamente, CAPADOCIA, mar de piedra, espectáculo de formas y colores, cuyas figuras estáticas, aguardan desde el infinito y obervan con paciencia el paso del tiempo....
Rocas de un blanco deslumbrante, milagro de la naturaleza, fuente de inspiración de anuncios televisivos, PAMUKKALE aparece majestuosa como una nube de algodón, tamizando el gris de las montañas, entre un velo de vapor y bajo el verde-azul tornasolado de unas aguas que como lágrimas de dioses, resbalan sutilmente por las terrazas....
“En nuestros dias, los viajeros tienen demasiada prisa por llegar, por llegar a toda costa, pero no se llega solamente al final del camino...En cada etapa se llega a alguna parte...a cada paso se puede descubrir una cara oculta de nuestro planeta... basta con mirar... basta con desear... con creer... basta con amar...” ( Amin Maalouf.)
Cuando los blancos vinieron a Africa, teníamos la tierra y ellos tenían la biblia; nos enseñaron a rezar con los ojos cerrados. Cuando los abrimos, los blancos tenían la tierra y nosotors la biblia ( Jomo Kenyatta)
la sonrisa imaginada, intuida, esperada, en cualquier caso, la sonrisa lo primero...luego, una palabra, un abrazo, una mirada, un gesto, un cariño...no necesariamente por este orden ni todo a la vez.