
Hoy es un día más especial, si cabe…. el dalai lama vuelve a casa….. ese maravilloso valle de luz y paz donde habito desde hace más de dos semanas.
En el ambiente, se nota algo distinto, más banderas, flores, en el camino que recorrerá antes de su entrada al templo. Todos lo sabemos, aún sin decirlo; como esa ilusión previa a una fiesta en que la complicidad mastica una alegría inminente ; esperamos bajo un sol resplandeciente, acariciando ya el momento, acomodando cuerpo y alma. Observo el movimiento aún cotidiano que transita por las callejuelas, mientras saboreo un delicioso té indio ; a mi lado, ese personaje que ha transformado mi percepción de la vida….. tan sólo con su presencia, me lleva de la mano al paraíso, me inunda de alegría y puedo casi tocar esa luz que desprende. Admiro esa entereza, esa fe tan ajena a mí, pero que me atrae de forma indescriptible; todo a su alrededor recobra belleza, adquiere la importancia de lo imprescindible para sentirse vivo. Su generosidad, sin esfuerzo me abruma y su respeto, me convoca a una reunión urgente con mis principios que reclaman una revisión a fondo. Es monje…es joven , tan sabio!!!!!!!
Tomo consciencia de la impermanencia, de la fragilidad de la vida, de la volatilidad de las emociones, de la maravillosa sensación de descender a mis profundidades, con una serenidad y una paz, que nada saben de miedos ancestrales, temores infundados y fantasmas de hormigón.
Comprendo que soy feliz, que todo nace en mí, y estoy contenta de haberme reconocido, porque adivino ese camino por el que siempre quise andar y tan a menudo relegué a mis periferias.
Vuelvo al exterior, algo ha cambiado y sabemos que no tardará en aparecer. Ahora si, la multitud se agolpa conformando la curva de acceso…. Nadie quiere perderse este momento…..
De repente, el coche que lo transporta enfila la empinada cuesta, se para, y su persona aparecer tras la puerta….
Todos, inclinamos nuestra cabeza, un signo de respeto y que roza la veneración …nunca sentí un silencio tan profundo en mi vida. No puedo evitarlo, alzo mi mirada, quiero sentirme allí…. formando parte de esta particular bienvenida, la luz, la calma, la paz, la serenidad me envuelven por completo. Desvío mis ojos hacia ese monje que intuyo a mi lado, allí está, sus manos unidas, sus ojos cerrados en profunda concentración, todo sus ser emana luz propia… justo ahí se desborda mi resistencia… me abandono al llanto, sentido desde mi yo más interno; esa, fue la única forma con la que supe expresar el maravilloso momento al que se me invitó.