miércoles, 8 de abril de 2009

terapias

Mi nombre es Alma, y no tengo imaginación.
Después de tres meses, tres sesiones semanales, tres horas por sesión, ha podido decirlo, sin esconder la mirada, y en un tono que incluso a ella, le ha resultado convincente.
Respira profundamente, y espera aún nerviosa a que sus compañeros aprueben su valentía.
Sigue su discurso apagando algún que otro aplauso tardío:
Me gusta escribir, desde pequeña ensayaba un diario, de vocabulario torpe y caligrafía espesa, en el que tatuaba mis obsesiones de niña rebelde.
Con el tiempo, aprendí más palabras, las normas de ortografía, los verbos irregulares y los números primos.
Descubrí el cine, los libros, la música y a tener sueños; seguía escribiendo con el corazón en los dedos, historias mínimas vacías de duende, desbordantes de adjetivos, que nunca traspasaron más allá de mi realidad.
En un empeño desmedido por conservar mi criterio, aparté de mi camino la deliciosa sensación de intentar ser otra, ni que fuera por unos instantes, con el oscuro temor a no reconocerme o a perderme para siempre.
Calla y observa, de nuevo suaves aplausos….
De repente, el escenario se mueve, uno de los oyentes tras alzar tímidamente la mano y con un hilo de voz, pregunta:
¿ y cuánto dices que llevas sin probar el anís?.....

4 comentarios:

siempreconhistorias dijo...

Fabuloso. Me pensaré seriamente dejar el anís por ver si me brota la imaginación.
Muy, muy bello.
Gracias.

TORO SALVAJE dijo...

Qué fuerte!!!

Me ha gustado mucho.

Besos.

Gwynette dijo...

Me ha encantado este final !..perdona, pero me ha hecho reir...

Petonets

Aldabra dijo...

me parece un relato buenísimo... lo de la terapia de grupo siempre me pareció muy interesante porque es dificil encontrar personas que le entiendan a uno cuando hay algo por lo que desintoxicarse... sean emociones, adiciones, fobias, miedos, angustias...

y ese anís final... le da al relato un toque de humor a pesar de lo que se intuye de sufrimiento.

biquiños,