jueves, 15 de octubre de 2009

si, quiero

Cuando Héctor cruzó su primera mirada con Virginia, su piel sin manchas olía a polvos de talco, las frases eran cortas, las manos con arena, y los pasos estrenaban zapatos. El parque delimitaba su universo, y los días seguros se sucedían entre palas, cubos, rodillas con rasguños y lágrimas blancas.
El primer septiembre con libros, les llevó agarrados de la mano a la escuela, con los nervios como pequeñas culebras aguijoneando la barriga, bajo la atenta mirada de sus madres-ángeles de la guarda.
Compartieron apuntes, el cielo en el mismo barrio, los primeros pitillos secretos, sonrisas con ortodoncias, y la vida que les iba creciendo con titulares de estreno.
Héctor cedió primero al embrujo de la noche, con aliento a botellón y canutos de camaradería. Cayeron las horas de estudio al fondo de la mochila, las risas ya no eran propias, nacían desbordadas tras la alquimia de trapicheo buscada por las esquinas ;fueron años difíciles, de seísmos internos y mutaciones en unos cuerpos que libraban mil batallas diarias, el desasosiego prendido en la garganta, pero compañeros hasta el infierno.
Los celos brotaron en Héctor cuando la primera curva se dibujó bajo la camiseta de Virginia; no repararon en ello, porque uno casi siempre se lo callaba, y otra, lo achacaba al instinto protector de su alma más cercana. Aunque él en su interior más oscuro fabricó los fantasmas traidores que adquirieron en propiedad un rincón de su cerebro.
Llegaron el sexo y los contratos basura, casi al mismo tiempo, cada uno por su lado pero con la certeza del otro en su horizonte más inmediato; él de operario en NISSAN, ella cajera en un supermercado; él con chicas calcadas a Virginia; ella, refugiándose en la protección de hombres vestidos de adulto.
Hubo algún amago de noviazgo entre Héctor y la vecina del cuarto, pero salió mal la cosa, quería hacerle padre demasiado pronto y él sintió un lazo acerado cercenarle las ansias de salir del barrio, de la fábrica, de un mundo demasiado estrecho y optó por cortarlo. Hubo llantos y negociaciones que bajaban desde el cuarto piso al rellano del entresuelo, pero Héctor ya andaba de nuevo en la noche buscando arrimado a una cerveza la llave de una vida más ligera.
Virginia por su parte, formalizó un roce inofensivo con un agente de seguros que la arrullaba sin chispa pero ahondaba en la promesa de un futuro calmado, coherente y aceptado.
Eso disparó en Héctor la certidumbre de sentirse abandonado, excluido por primera vez del dúo inquebrantable que desde siempre habían mimado; Y aquí los fantasmas crecieron, le estrangularon el alma, esculpiendo en su misma frente que sin Virginia sus pasos se volvían blandos, el mundo se desplomaba.
Los años se clavaron en Héctor como una nube de metralla, siempre grises, punzantes incluso cuando, ahogado por espectros coleccionaba botellas en todas y cada una de las barras que encontraba hasta llegar roto a casa.
Cuando Héctor cruzó su última mirada con Virginia, el saludo fue lejano, tan ajeno, casi forzado, mientras ella se agarraba del brazo de su destino asegurado.
La autopsia determinó que el cuerpo de Virginia llevaba 13 horas sin vida cuando la encontraron enroscada en su vestido de princesa, un velo blanco manchado y tan sólo 14 horas después de haberse casado.

11 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

A que es bonita la vida?
Verdad que si?

Me voy a buscar un puente para tirarme.

Besos.

POLIDORI dijo...

Madre mía como estamos... pero que bien escrito.


John W.

ALEX B. dijo...

Escrito maravillosamente, pero ay, la historia debería haber acabado con él no con ella ( pero en la realidad tambien es así por desgracia).Un besazo

Angus dijo...

Fantástico texto. Me encanta tu blog, espero que no te importe que te enlace desde mi blog Charcos paralelos. Un saludo.

mi nombre es alma dijo...

Historia no por conocida menos triste y emotiva en su brutalidad.

Un abrazo

Ladrón de Guevara dijo...

Un final triste, pero que demuestra toda la agoía de las palabras calladas, los sentimientos ahogados y de que hay gente que por desgracia está como una puta cabra...

...y lo acaban pagando otros.
Cuídate.

virgi dijo...

¡Uy, Ilia! un pelín antes de terminar el relato, aún pensaba que tendrían alguna posibilidad...pero no ésa.
Y lo peor es que es real como la vida misma. Bueno, la vida suele ser peor.
¡Qué bien escribes! besos y besos

Aldabra dijo...

me gusta como relatas, illiamehoy... me gusta mucho.

el primer párrafo es perfecto.

cosas como ésta " Hubo llantos y negociaciones que bajaban desde el cuarto piso al rellano del entresuelo.. "

tienes una voz muy tuya para contar.

y de la historia ¿qué decirte? podría ser una de las que cayó este año o el pasado o el otro...

biquiños,

Miguel Baquero dijo...

Qué relato más trágico... y más bien contado

Juanjo dijo...

Tremendo relato, por lo bueno y por lo impactante.

siempreconhistorias dijo...

Bellísimo, querida Ilia, pero me niego. No terminaron así esos pequeños que compartieron mocos y meridendas en el parque. No puede ser. No quiero.
Un beso.