jueves, 1 de octubre de 2009

deconstrucción

Todo había empezado con esa minúscula verruga que una mañana descubrió en la orilla de su párpado. A las dos semanas, su caída de ojos volvía a recuperar la irresistible voluptuosidad de antaño; luego las patas de gallo, el lunar de la mejilla derecha, colágeno en los pómulos, esa papada pertinaz, un leve estiramiento facial, dos tallas más de sujetador, una menos de pantalones, láser en los poros para sellar el asomo de elementos pilosos…
En menos de dos años, Rebeca había llevado a cabo una deconstrucción casi completa del cuerpo que los dioses y los genes, le dejaron como legado hacía 35 años, transformándolo en un mapa de efectos especiales.
Su vida se convirtió en una pasarela permanente, y con el tiempo adquirió la soltura de una experta en apariencias: la laca de sus uñas siempre a tono con su foulard, el color del mechero en sintonía con la funda de su móvil, los zapatos dentro de la misma gama que el bolso, pero nunca, nunca iguales. Ya no importaba quemarse los labios con la sopa porque habían perdido sensibilidad en la segunda inyección que los hinchó como un globo de feria; no llorar nunca, a fin de mantener elasticidad en las pestañas; sonreír a modo de mueca, por no crear surcos impertinentes. Así, emboscada en un glamour de física y química, desterró gestos y expresiones para seguir encumbrada en el pedestal de los tersos, con mirada lisa y conversación plana.
Los mareos llegaron al unísono con la primavera; al principio casi imperceptibles, pero continuaron y aumentaron hasta llegar a inquietarla; cuando aquella mañana no pudo alzarse sobre sus tacones porque toda la habitación se tambaleaba a su alrededor, decidió ir al hospital.
El ruido del scanner apagó la exclamación que tras el cristal profirió el médico:
En perfecto orden, y en el lugar que debía ocupar el cerebro, encontraron la colección completa primavera-verano de VOGUE.

17 comentarios:

virgi dijo...

¡Qué bueno, qué bueno! Muchachita, eres genial. Me has sacado la sonrisa de recién madrugada...¡vaya, que me ha encantado pa' leerlo varias veces, tiene un ritmo estupendo!
Muak muak y muak (sin colágeno)

TORO SALVAJE dijo...

Jajajjajajajaja

Genial, genial, genial.

Me sigo riendo.

Besos.

POLIDORI dijo...

Extraordinario y genial.

Como nos has llevado al huerto de ese gran final.




John W.

Antón Abad dijo...

Pensé tras leer el título de su entrada, que me encontraría con una versión innovadora del arroz con leche o las cocochas al pil pil, pero tras los primeros compases de su réquiem por una infanta difunta, caí en la cuenta de que me encontraba ante una de esas encrucijadas en las que se escoje entre unas disciplinas en detrimento de otras (en este caso la de La Química Vs. La Física).
Tengo la certeza de que si le digo que ha metido el dedo en una llaga muy extendida, no me quedaré en la epidermis del asunto; remueva pues, que a mí tampoco me gusta ver desfilar los cadáveres de adolescentes en que se convierten estas animosas cobayas.

siempreconhistorias dijo...

¡Toma ya! Querida Ilia,reverencia,muy risueña,que casi no puedo parar.
Bravo y beso.

Miguel Baquero dijo...

Fenomenal. Y después de la risa, qué pena causas esas y esos que se deconstruyen

monik dijo...

jaja si es bueno, si. Y lo peor por mucho que nos riamos es que está a la ordén del día. Hay mucha descerebrada/ado por ahí, que pena.
El final es genial, no me lo esperaba.

Onminayas dijo...

Un relato con un inicio sugerente, con una trama bien conducida y que rematas con un final corrosivo y demoledor. Me reí un montón, Iliamehoy, a pesar de que el tema es realmente para llorar.

Besos.

Ladrón de Guevara dijo...

Muy buen escrito. Muy crítico y con un final que me ha hecho soltar una carcajada.

Cuídate.

mi nombre es alma dijo...

He visto cerebros peores (sonrío).

Un texto espléndido.

Robërto Loigar dijo...

Eres fantástica, hasta me quemé el hociquito de la risa.

Saludetes otoñales.

Jorge Ángel Aussel dijo...

iliamehoy:

Con respecto a tu comentario en la entrada "El miedo a crecer", te diré que afortunadamente puedo tomarme un momento para cada cosa. Me organizo y en un tiempo donde las palabras fluyen desde mi interior escribo. En otro momento salgo a recorrer nuevos espacios, leyendo lo que escriben y dando mi opinión al respecto. En otro momento respondo a los comentarios que me van llegando y así lo hago todo. Sólo es cuestión de que algo nos apasione para poder hacerlo bien. Y claro, siempre un momento de esparcimiento fuera de la computadora no viene nada mal...

Saludos desde Ángel Poético.

Antígona dijo...

Siempre he pensado que esas revistas eran un atentado para la salud pública. Deberían venderlas sólo previa autorización del médico o psicólogo y con garantía de indemnización por daños mentales.

Pero no. En este mundo la locura se convierte en norma. Sobre todo mientras esa locura llene los bolsillos de tantos. Tantos tantos y tantos. Por eso seguro que tras el diagnóstico le dan una palmadita en la espalda y le dicen que no es nada.

Muy agudo tu relato.

Un beso!

Foforito dijo...

Ja! la coleccion completa de Voge, si que tenia espacio! muy bueno,

Gracias por compartir :)

Aldabra dijo...

es increíblemente bueno y original... me ha encantado... un final imprevisto y a la altura del resto del texto.

¡¡enhorabuena!!

biquiños,

Nómada planetario dijo...

Perfecto, dando caña a tanta gente que anda en esas historias.
Volveré para pasarlo bien.
Saludos.

Juanjo dijo...

¿Completa? ¿Y le cabía dentro? ¿No estrechó el cráneo para que le cupiera un sombrero?