martes, 23 de febrero de 2010

la velocidad de una silla

Con esa maldita crisis, su radio de acción se había visto reducido a 2, puede que 3 km. como máximo. Si afinaba un poco la mirada podía adivinar la silueta de la competencia allá al fondo, justo al final de esa línea recta, donde la carretera enfilaba en una cuesta que obligaba a reducir la velocidad, y por lo tanto permitía a los potenciales clientes, observar mejor la carne ofertada.
Marina lleva mal el invierno, su silla de plástico estratégicamente situada en un recoveco de la cuneta, queda totalmente a merced del viento del norte que de forma acanalada empuja su respaldo fuera del amparo del bosque que tan sólo unos metros más a la derecha le sirve de improvisado consultorio para sus servicios rápidos.
Un maravilloso telón de fondo se extiende a su espalda, los últimos rescoldos de los Pirineos, estampados en suaves colinas que inclinan su cintura para retozar en la playa, una llanura amable de campos hibernados, el vivero de plantas, la masía con granja, el almacén distribuidor de bebidas, y la promesa azul de un horizonte de agua salada. Pero, ella permanece ajena a todo lo que no sea el cálculo minucioso de vehículos con conductor masculino no acompañado que cruzan como rayos, intentando captar su interés con su vestido corto, sus piernas muertas de frío, sus tacones de plástico desgastado y un contoneo mal interpretado pero infalible para los instintos básicos.
Por suerte, la semana pasada, la Dirección General de Tráfico, instaló un radar en el punto kilométrico 15.4, epicentro de las actividades de Marina y tan sólo a dos metros de su silla de plástico.

19 comentarios:

Onminayas dijo...

Perdóname si encontré tragicómico tu relato; y no sabría con que vertiente quedarme. Bueno, sí: me quedo con el enorme paisaje que me has dibujado.

Muchos besos, Iliamehoy.

La mirada del mono dorado dijo...

ooohhhh,

Me ha gustao, asi que seguiré curioseando....

TORO SALVAJE dijo...

Que majos los de la DGT.

Cuantas tragedias sentadas en sillas de plástico al borde de la carretera...

Terrible.

Besos.

POLIDORI dijo...

Una de las pocas veces que la crueldad de la DGT puede servir para algo bueno.

Que bien escribes.




John W.

Tortuguita dijo...

Me ha encantado ; )

virgi dijo...

Mientras los de la DGT no se dediquen a incordiar, se puede sentir hasta segura.
Triste panorama. Frío en el ambiente, posiblemente también en el interior.
Un abrazo (hoy no sonrío)

Aldabra dijo...

putas ricas, putas pobres... y digo puta igual que si dijera madre, con el mismo respeto, a fin de cuentas casi todas lo son, madres, muchas hacen ese trabajo, se someten a ese dolor, por sus hijos.

estupendo relato.

biquiños,

Reyes Uve dijo...

A mí me parece tremendo .
Genial.
Te aplaudo y reverencio.

Miguel Baquero dijo...

Me ha gustado mucho ese retrato patético de la mujer, en una silla de plástico, contra el fondo sublime y tan bien descrito de los Pirineos, que casi se podia ver y oler.
Genial.

Rodrigo D. Granados C. dijo...

Hay alianzas extrañas y fortuitas, pero creo que Marina hará mal en alegrarse; un hipotético cliente que ve un radar, recibe una descarga eléctrica que va desde su neurona, directa al bolsillo; en ese trance, es difícil pensar en otra cosa que no sean rápidos cálculos, que en última instancia también serían desfavorables para ella.

Juanjo dijo...

Dios aprieta, pero no ahoga, como se dice.

Me ha encantado el relato, de una gran sensibilidad y con la carga justa de amargura, tan necesaria para estos casos.

Besos.

Raúl dijo...

Dios bendiga a la DGT.
Sonrío.

Pd.- Me encantó el relato.

manu dijo...

…y después dicen que el estado no ayuda!! Políticas puntuales para el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas.


Salutes!

Ladrón de Guevara dijo...

Relato muy profundo, con un sabor agridulce.

Un saludo. Cuídate.

ALEX B. dijo...

Contraste del fondo maravilloso y difuminado, con el frente vinílico y amargo.
Muy bueno
besos

siempreconhistorias dijo...

Pues ya era hora de que la DGT contribuyera a alguna causa justa. MArina con sus piernas muertas de frío, y cuántas más, y cuántas.
Te quiero mucho, preciosa.
Cuídate.

mi nombre es alma dijo...

Me ha gustado mucho, como otros apuntan, esa mirada tierna de una vida condenada a la misería. Una silla de plástico frente a la hermosa naturaleza, un sin sentido, como estar agradecida a quien en otros casos te ha detenido. Si, buen relato.

Un abrazo

Antígona dijo...

Con o sin radar, con o sin DGT, el cuento me ha dejado un regusto amargo.

Pienso en el invierno, en la silla de plástico, en las carnes ateridas expuestas al frío, al viento. En la espera aburrida, vacía, impaciente. Puede que incluso desesperada los días en que, después del frío y la soledad, ningún coche se detiene.

Estoy segura de que María desearía a veces huir y perderse en ese telón de fondo, en la promesa azul del horizonte de agua salada. Pero ahí está, temblorosa, atenta al rugido de los motores de los coches.

Triste consuelo el de la casualidad del kilómetro 15.4. Como quien, rebuscando en los contenedores de basura, se alegrara porque ha encontrado un trozo de pan que apenas tiene un poco de moho.

Un beso!

RMC dijo...

Interesante y reflexivo post
un placer pasar por tu casa
feliz semana.