jueves, 10 de febrero de 2011

al otro lado de la cana


Siendo niña, cuando no contaba los días, ni los años, en mis sueños multicolor, imaginaba ser poseedora de extraños poderes ,que me permitían ser invisible… sin más; utilizaba tan magnífico don, para creerme distinta, libre para observar y actuar, espontánea, feliz, sin temor a ser juzgada.
Jugaba en el patio de mi vida inocente, a sentirme indiscutiblemente específica , creciendo, qué remedio, pero aún al compás de mis fantasías, obediente a tiempo completo, con algún que otro conato de pataleta rebelde que no dejaba de ser graciosa .
Despertaron puntualmente las hormonas, los granos, los motines internos y los sueños se pusieron a llorar, conmigo, contra mí, contra el mundo, contra un cuerpo en pleno desajuste de formas , en una caída sin fondo, exigiendo la invisibilidad como derecho fundamental , de los seres a los que una simple mirada directa, podía suponer la condena eterna.
Costó, pero también eso pasó. Parecía el momento ideal para reconstruir ideas, engendrar utopías e incluso para hacer planes. Era hora de mostrarse, salir a desfilar por la pasarela y pillar cualquier oportunidad, o algo que se le pareciera: trabajo estable, realización profesional, opción política, novio,( ¿o era marido?) los ahorros… Algo de eso hubo, o tal vez demasiado, porque el hastío asomó su hocico fétido y colgó el cartel de completo; volví a ser invisible, demasiados años, que ahora ya contaban como dardos envenenados en mi almanaque íntimo, mientras los números rojos brillaban como farolillos en mi particular balance de pérdidas y ganancias.
Y los sueños para después de la cena, ya en la cama, justo entre la lista de lo que toca mañana y qué será de mi vida.
Pero los tuve, si, algunos resistieron el embate y cristalicé su esencia para que adornaran el intersticio entre mi realidad y mis ganas; y desperté, aparentemente indemne tras la batalla, tuve constancia de mí, ví al destino presto a dibujar el perfil de mi espalda, observando el azul y la calma de un mar con reminiscencias helénicas, y quise ,desde lo más profundo libar poro a poro y despacio, la vida que aguardaba al otro lado de mis canas.

15 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Es una mirada madura la que hoy compartes.
Una mirada también sabia.
De quien ha superado mil batallas y sigue de pie.
A veces miro yo también así hacia mi pasado.
Eso no me turba.
Me turba mirar hacia el futuro.

Besos.

Raúl dijo...

En cualquier balance personal, hay que respetarse. Tú, en éste, creo que lo haces.
A seguir.

Reyes dijo...

Jo qué hermoso .
Al otro lado de las canas quedan las mejores aventuras, aunque no nos educaron para que lo viéramos así.
Me ha encantado esta mirada dulce sobre el pasado y describir este reto que supone estar viva.
Creo que ahora te sientes más tú que nunca.
Mil besos .

Isabel dijo...

Me gusta esta como biografía del otro lado porque esas son las cosas, las del otro lado, las que nos hacen crecer y si tener canas es "libar poro a poro la vida" vengan canas.

Mis sonrisas.

ANTIQVA dijo...

El pasado siempre es bellisimo... Debe ser alguna propiedad que tenemos los humanos: la capacidad de olvidar lo malo...

El futuro es otra cosa: siempre acaba mal.

Un abrazo, amiga

Aldabra dijo...

Miras a tu vida con la dignidad de quien sabe que lo ha hecho todo lo mejor que ha podido. Es un escrito sólido y sereno, maduro y objetivo. Firme. ¡Cuánto hemos vivido ya antes de las canas! Y ¡cuantos sueños nos quedan todavía por cumplir! Muchos sueños. Biquiños.

Alex B dijo...

¿ sabes lo que he pensado al acabar de leerte?
Ilia debe de ser una magnifica conversadora y amiga con la que pasar las tardes hablando de cualquier cosa.
Besos.

mi nombre es alma dijo...

De niños bebiamos la vida a tragos porque nos faltaba mucha por recorrer. Ahora la bebemos sorbo a sorbo, degustandola. Siempre he creido que así se nota mejor el sabor.

Juanjo dijo...

Me ha gustado mucho, Iliamehoy. Yo soy bastante reacio a hacer balance. Por miedo a los resultados, sobre todo. Cuando lo hago, quisiera volverme invisible, como tú. También fue ése uno de mis sueños infantiles.

A medida que pasan los años, hay muchas más cosas en el debe que en el haber, pero si uno mira ese mar helénico, como lo ves tú, y tiene al menos la serenidad que demuestras, ya es bastante.

Besos.

virgi dijo...

Las canas me las dejé un tiempo. Luego las pinté de color marrón, dorado, rojizo. Ahora conversan con los tintes acerca de mi vida y sus cambios. Tienen más serenidad que yo, me miran desde lo alto y esperan que el blanco purifique la vida que me queda.
Querida Ilia, en pocas líneas has hecho un texto magnífico. Te felicito, te abrazo, te entiendo, te sonrío.

Miguel Baquero dijo...

Siempre hay tiempo para renacer, es lo que yo creo, y te felicito por que tú, o tu personaje, lo hayas conseguido.

siempreconhistorias dijo...

Y ahí estás, querida Ilia, libando, soñando, viviendo. Ahí. Más allá de las canas. En la plenitud de lo viajado en vida y sueños. En la palabra que compartes. En la imagen. Ahí estás, y desde aquí te admiro.

Un beso,

Camy dijo...

Realmente poético.Precioso.Haces un balance de tu vida, sosegado y tranquilo y además miras al futuro, al mar, volviendo al principio. empezar a vivir con canas, es siempre vivir y soñar...
Un beso y una sonrisa para ti.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Un placer haber vuelto por tu espacio.


Saludos y un abrazo.

Rodrigo D. Granados . dijo...

Preciós noia!; lucidesa, memòria espiritual i talent per exposar-les.