miércoles, 25 de abril de 2012

Recuerdo el frío

 Recuerdo el frío; de febrero; del norte; el gélido viento erosionando mis esquinas; el sol mudo y pálido contemplando mi naufragio; los pies trazando un surco de resistencia, acercándome sin remedio a la sima del dolor; la rampa, la puerta que cede a mi presión; la melena de mi hermana me envuelve el rostro y nuestras lágrimas se hacen compañía en el abrazo.

Recuerdo los siguientes pasos; tristes, ineludibles; la sala inmensa y su figura menuda, ingrávida, recortada sobre el fondo de la cortina azul ; ausencia; dolor:  dolor primigenio; sobrecogedor. Y la paz, en cada una de sus partículas más fundamentales recorriendo su gesto, ahora extraño y fugitivo, permitiendo conciliar su pretérita agonía con mi futuro vacío.

Y recuerdo las horas siguientes ; fragmentadas; mal trazadas; la tristeza de mi madre jugando con su entereza; la sucesión de rituales pautados; y esa certeza aún esquiva gruñendo con estridencia la pena sentenciada.

Y no recuerdo la primera vez que le ví.... debo resignarme a la última; por eso callo, me escondo hacia mí y salgo de nuevo al escenario; pero el duelo duele, se escarcha en las venas y crepita en el aire; lloro, y le quiero, quiero mucho a mi padre.



11 comentarios:

Isabel dijo...

Me alegra tu vuelta, pero tu relato me ha helado las venas.

Abrazos.

Aldabra dijo...

a mí también me alegra mucho volver a leerte, pero siento tu duelo por la triste noticia.

mis condolencias.

un fuerte abrazo.

mi nombre es alma dijo...

Hermosa y triste despedida, pero aunque alguien no esté, siempre queda su amor, yo aún escucho a mi padre, pincha en el enlace echo tanto de menos su voz

virgi dijo...

He sentido la ausencia de mi padre, las frases que me decía cuando entraba por la puerta, su voz y sus gestos.
Me han emocionado tus palabras, bellísimas, tristísmas.
Mi abrazo más largo, más fuerte, más cálido.

Antígona dijo...

Qué sorpresa encontrarte de nuevo por aquí, Ilia, después de tanto tiempo.

Es difícil convivir con algunos recuerdos. Más difícil aún convivir con la ausencia, con el vacío que dejan aquellos que formaban parte de nuestra vida y que ya nunca -qué palabra más horrible- volverán a estar ahí. El dolor es tal que se convierte incluso en algo físico, como si a uno le hubieran arrancando un brazo o una pierna.

Hay que darse tiempo y tener paciencia. Porque no hay duelo que dure eternamente y uno siempre acaba respirando de nuevo. La vida nos da y nos quita, y eso es así y no puede ser de otro modo. Sólo nos cabe, en el fondo, alegrarnos por el tiempo en que hemos podido disfrutar de sus dones.

Mucho ánimo, Ilia, y un gran abrazo

Alex B dijo...

Lo siento mucho Ilia.

Se difuminará esta última imagen y recordarás las otras.

(He recordado a mi padre todos los dias de mi vida, desde que el murió muy jóven y yo era casi una niña y es algo reconfortante una vez que hayas pasado estos duros momentos)

Un abrazo que te de un poco de calorcito.

Juanjo Montoliu dijo...

Le echarás siempre de menos, como yo con el mío. Y también le querrás siempre. Recordarás el frío de aquel día y muchos momentos de calor.

Hoy nos has hablado de tu padre y de, quizá, todos nuestros padres.

Un beso.

Raúl dijo...

Tremendamente emotivo. Precioso texto.

virgi dijo...

Otro abrazo para ti, querida Ilia.

TORO SALVAJE dijo...

Ese frío nos acompañará siempre.
Lo sé bien.

Saludos.

Otto dijo...

No recuerdo cómo llegué a tí, lo cierto es que llegué. Lamento tu elegía, lamento tu pérdida definitiva. Sin embargo debemos de seguir, manteniendo el recuerdo con nuestra sonrisa. Un abrazo emilia.