miércoles, 27 de mayo de 2009

turismo rural en el bajo Everest




Cada manyana, el gris de la bruma emborrona los cristales de mi habitacion. Espesas nubes algodonosas juegan a la comba perezosamente entre las cimas. Pasean sin prisa y con toda libertad por picos y bosques. El verde ensaya tonalidades nuevas a cada momento, sin cita previa, en ese inmenso liezo que me envuelve. La actividad lleva horas desplegandose en la aldea. Lagpa en la cocina ya ha preparado las raciones de dhal bat para el desayuno; un cacharro con agua, se calienta entre las brasas, ella, agachada en esa postura que a mi se me antoja imposible, limpia los platos y tazas de la cena. Sus movimientos lentos, como una danza que no cesa, alcanzan una efectividad asombrosa. Mi tortilla de harina preparada, la bolsita de te, esperandome; mientras me deleito con el desayuno, ella sale a cortar unos cuantos tallos de cebolla, cambia la vaca de lugar para que siga pastando, da de comer a las gallinas que de buena manyana merodean por la cocina, sube mas lenya y aviva el fuego. Yo, recien acabo mi segunda taza de te. No deja de observarme y con esas dos frases con las que hemos logrado entablar conversacion, me ofrece mas te. Ya ha aprendido que mi negativa es sincera, no insiste. En su cultura, comer y beber tan poco es sintoma de desagrado, incluso un roce de desprecio porque a pesar de la escasez, nunca hay un plato medio vacio, hay que repetir hasta la saciedad.
Tampoco me apremia cuando rehuso comerme esa guindilla tan picante que se convierte en pura dinamita en cuanto recorre mi traquea; sabe que mi delicado estomago occidental no puede soportarlo. Seguro que no lo entiende, pero consigue aceptarlo.
Salgo a pasear, subo la empinada cuesta (como no) hasta el maravilloso y pequnyo templo budista que domina el valle; cada paso reclama una foto y desata un ahogo: mis pulmones andan de aprendizaje para suministrar el aire que caoticamente les entra.
El silencio es tan denso como la tranquilidad que me provoca; la paz toma asiento, me acurruca entre el paisaje y me promete esa fuerza que irremediablemente escapa, casi sobra en estos parajes.
Descuelgo las horas, leo y pienso, anyoro, escribo, miro mucho y hablo poco, a veces se me escapa la rutina y en otras esa inactividad me juzga; porque no puedo dejar de comparar lo que veo con lo que ya se. Y ahi me pierdo, me equivoco o simplemente manejo datos y asocio ideas que nunca podran pactar.
Aqui, en el bajo Everest, donde los sherpas viven encaramados, todo es duro, contundente, rotundo en formas, esquivo en gestos, una optimizacion del esfuerzo que sabiamente utilizan para sobrevivir.
Y asi, un dia mas la niebla se desploma tras el sol, el frio aparece, cambia el paisaje y suavemente, desciendo a casa, donde me espera una humeante taza de te.

6 comentarios:

Juanjo dijo...

Tiene que ser una experiencia fascinante. Dura, pero muy enriquecedora.

Que sigas disfrutando de tu viaje.

TORO SALVAJE dijo...

Supongo que no aguantaría mucho tiempo ahí, pero ahora mismo si pudiera me teletransportaría.
Esta vida de aquí no me gusta nada.
Allí probablemente me aburriría, aquí se me hace insufrible muchas veces.
Es obvio que el problema soy yo.

Besos.

siempreconhistorias dijo...

La paz te llega rotunda como el paisaje y tú nos la transmites en palabras llenas de belleza. Una experiencia fascinante de las que supongo que ya no alcanzaré a tener aunque... la esperanza es lo último que se pierde. Hablar poco, acurrucarse, observar ese agachamiento que también a mí se ma antoja imposible... Inolvidable estancia, también para los que te leemos. Un abrazo en paz.

Raúl dijo...

Tan lejos tan cerca.
me encanta recibir tus crónicas de viaje (y también tus comentarios) desde aquellas latitudes.
Un abrazo.

ybris dijo...

Tras leer las entradas tuyas que tenía pendientes me convenzo de que todo te va resultando enriquecedor.
Es seguro que nunca olvidarás esta experiencia para el bien de cuantos pasen a tu lado en el futuro.
Sigue disfrutando y aprendiendo.
Da envidia leerte.

Besos.

antonio dijo...

Paz
sobre todo interior.