Supe desde el principio que no aguantaría, que se me iba a escapar, como sin querer, pero queriendo todo el rato, desplegar mi sonrisa para soltarlo ya:
¡van a publicarme un relato!!!!!. Contravengo todas las normas que la cordura convoca, y según escribo, el miedo me patea la conciencia de niña buena que se empeñaron en incorporarme.
La historia, que aún no tiene final, es larga y quizás no importe. A lo que voy: www.auladeescritores.com. Me inscribo, a un curso-express de verano y ayer, el profesor escoge también mi relato para incluirlo en la nueva antología que tienen previsto publicar en octubre. Ya está!... me guardo las emociones para llenar espacios de vacío que a buen seguro están por llegar. Mi relato, pasado por la cirugía, pertenece a una entrada que ya hice allá por enero; y es que las musas, siguen mostrándose esquivas…..
María no es puta, pero come y muere de ello cada día.
Lleva 3 años en ese trueque macabro de carne por calderilla, recluida en eternas noches de humo y alcohol, abriéndose de piernas y condenando ilusiones.
En el BRINDY’S las estaciones se solapan sin cambios aparentes, quizás sólo un ligero mutar en la indumentaria de las almas desesperadas que se dejan caer en la barra cuando acecha el ocaso. Como un estrecho muro de lamentaciones, ese lingote opaco que recorre el bar desde la entrada hasta la angosta escalera que conduce al piso superior. Una puerta entreabierta tras la que se esconden bocas pintadas, orgullos pisados, tacones dorados, carne fresca tapizada con lentejuelas y la promesa inminente del placer de los parias.
Carlos consume de manera habitual los productos que se ofrecen en el bar, con un metódico ritual: gin tonic, Marlboro y minucioso recorrido con la mirada por el local. Es periodista, y joven, con esa belleza que dura 20 segundos, pero que hasta el momento le ha procurado un estado de gracia recurrente.
Aparte de una declarada inclinación por el exotismo de una piel oscura, nunca ha mostrado especial interés por ninguna de ellas…. hasta que en su universo mínimo se cruzó hace 18 meses el contoneo irresistible de las caderas de María;
devoto a la elipsis casi perfecta de sus piernas, espera impaciente su turno declinando, ahora sí, cualquier opción que no la incluya a ella.
María por su parte, acostumbrada a los halagos de tarifa plana, le recibió tras la muralla de una sonrisa provisional, desnuda de afecto, pero con el indispensable toque seductor que se esperaba de ella.
Sin embargo, el roce continuo, una mirada alargada unos segundos, acaso una palabra amable, consiguieron encontrar la grieta que acaba por tener cualquier muro; y María desató el nudo de la tristeza, y le contó su viaje involuntario desde la pequeña aldea amazónica herida de hambre hasta la puerta del BRINDY’S, la deuda con Marlon, ese amigo de su amiga Daisy que se convirtió en macarra en el justo instante que le arrancó su pasaporte en la terminal de Barajas; y la dolorosa cuenta atrás de los segundos que todavía le quedaban por cumplir en esa condena.
Carlos la escucha, acariciando sus ojos con el embrujo de aquellos primeros veinte segundos que sabe infalibles, ganando una batalla que tan sólo se libra en sus planes.
Mientras, María respira miércoles de luz, sonrisas lavadas y confidencias entre las sábanas, y duerme casi tranquila cuando él se desprende de su cuerpo pisando el alba.
Ya lleva 3 cigarrillos, dos servicios y un gin tonic; apenas reposa en el alto taburete dispuesto estratégicamente para divisar la entrada sin esfuerzo. Carlos se retrasa....
Al otro lado de la ciudad donde la noche no es oscura, y la vida parece cómoda, en la sala de Actos de la Facultad de Ciencias de la Información, se están ultimando los detalles para la presentación.
Carlos carraspea ligeramente, vestido con la sensación de triunfo de la que tanto disfruta;
- Bienvenidos y gracias por acompañarme en esta noche tan importante para mi…..
En sus manos, sostiene orgulloso el libro cuyo título reverbera con presunción: INMIGRACION Y PROSTITUCION, UN BINOMIO INDISOLUBLE.
LA CUEVA DE LOS IMPOSIBLES
Hace 2 horas